Mis miedos como Berardinelli — 12 mayo, 2016

Mis miedos como Berardinelli

El miedo es una palabra que no debería estar en mi vocabulario, pero como soy un ser humano está, sin que por ello me considere una persona cobarde. Creo que es uno de los peores sentimientos que existe, pues te paraliza, te impide pensar y te hace actuar en contra de tu voluntad.

Cuando era niña tenía miedo a las agujas, al regaño de mi médico, al de mis padres, al castigo, a los dolores y a morir. Por esos miedos obedecía, seguía las reglas de la dieta, me abstenía de probar la comida que el puro olor ya me decía lo deliciosa que podía ser y me tentaba a desafiar al mundo. Por esos miedos actuaba en contra de mi voluntad, pero a medida que fui creciendo, enfrentando y familiarizándome con estas cosas, vencí, quebré las reglas, tuve una vida casi normal y mi ángel de la guarda tuvo más trabajo que nunca.

Tantos años de mi vida acechada por la muerte, escuchando hablar de muerte y siendo asustada con la muerte que aprendí a no temerla. Para mi la muerte es algo normal y natural en todo ser vivo. Es el descanso del cuerpo cuando está cansado, deteriorado y no puede más. Es verdaderamente justa, pues no discrimina raza, sexo, condición social ni edad. Mueren ricos, pobres, lindos feos, hombres, mujeres, niños, creyentes y ateos. La única diferencia es en la forma de morir, las condiciones en las que dejas este mundo, sin embargo, sea como sea, ella llega igual. Con esto no quiero decir que nos alegremos por la muerte de nadie porque es triste la partida de alguien, sobre todo si es un ser querido, pero debemos tomarla con tranquilidad, como un alivio para quien está sufriendo o condenado a ello.  Después de todo si nadie ha vuelto del más allá debe ser porque en realidad no es mala ¿o no?

Uno de los miedos más grandes desde mi adolescencia (cuando descubrí mi gusto por el dibujo, la pintura y las manualidades) se cumplió: La ceguera, debido a la cirugía para detener el avance de la retinopatía diabética. Quince días de dolor de cuerpo y alma que acabaron con una nueva cirugía. La recuperación de mi visión fue una de las emociones más grandes de mi vida: sentí que volvía a nascer!

La ceguera es un miedo que sigue latente. Todos sabemos que los altos niveles de glucosa en la sangre, además de la presión sanguínea elevada no perdonan. Es una posibilidad que no solo puede darse en mi que solo tengo un ojo, sino en cualquier otro Berardinelli , diabético o hipertenso.

Cada experiencia me ha hecho fuerte, me ha ayudado a soportar el dolor, a combatir las adversidades, a luchar , a valorar las cosas simples, a agradecer. Sin embargo el paso del tiempo me ha desgastado y no me ha dejado exenta de miedos. Tengo miedo de más complicaciones en mis órganos, de deteriorarme cada día más físicamente, anímicamente, de llegar a un punto en que pierda mi autonomía y deba valerme de otras personas para poder subsistir, de terminar como una carga para el mundo. Tengo miedo de de no poder disfrutar de nada, de ser vencida por el dolor, por las lágrimas. Tengo miedo de perder el sentido, el disfrute de la vida y mi esperanza de tener el tratamiento que me ayude a mejorarla (Leptina)

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No es cobarde el que tiene miedo. Cobarde es el que tiene miedo y se queda con él sin enfrentarlo.